La Justicia porteña avanzó en la investigación por la muerte de Eduardo Alejandro Bentancourt, el enfermero de 44 años que fue encontrado sin vida en su departamento de Palermo junto a ampollas de medicamentos de uso hospitalario. Los resultados preliminares de la autopsia determinaron que el hombre falleció a causa de una cardiopatía hipertrófica y dilatada con congestión pulmonar, una patología cardiovascular preexistente que habría sido determinante en el desenlace.
Los hallazgos del Cuerpo Médico Forense y la escena del departamento
El informe difundido por la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°21, a cargo del fiscal Carlos Alberto Vasser, estableció que el deceso se produjo entre tres y cinco días antes de la autopsia, practicada el sábado pasado. Este dato resulta consistente con el tiempo en que Bentancourt había dejado de responder mensajes y llamados de su entorno cercano, lo que finalmente motivó que allegados alertaran a las autoridades.
Un elemento clave del examen forense es la detección de una venopuntura con halo equimótico en el pliegue del codo derecho del enfermero. En términos médico-legales, el halo equimótico constituye un signo de vitalidad, lo que indica que la inyección fue aplicada mientras Bentancourt aún estaba con vida. Los peritos fueron categóricos al señalar que no se hallaron otras lesiones traumáticas ni heridas defensivas que pudieran sugerir una agresión externa.
Durante la inspección del departamento ubicado en el barrio porteño, los investigadores secuestraron en la cocina una caja de cartón que contenía ampollas de propofol y fentanilo, una jeringa y un guante de látex. Ambos fármacos son de uso estrictamente profesional y su circulación fuera del ámbito hospitalario está rigurosamente controlada.
Las hipótesis que maneja la fiscalía y los próximos pasos
La presencia de estas sustancias, combinada con la marca de punción en el brazo del enfermero, abrió diversas líneas de investigación. Sin embargo, el informe pericial destaca un dato significativo: Bentancourt se encontraba sentado al momento de su muerte. Esta posición, junto con su condición cardíaca de base, sugiere a los investigadores un posible colapso repentino más que una sobredosis intencional o accidental.
Además de los medicamentos, la fiscalía ordenó el secuestro de tres teléfonos celulares hallados en la vivienda, que ya fueron reconocidos por los familiares como pertenecientes a la víctima. Los dispositivos serán sometidos a pericias informáticas para reconstruir las últimas conversaciones y movimientos del hombre antes de su fallecimiento, un procedimiento habitual en este tipo de casos donde no hay testigos directos.
La investigación ahora aguarda los resultados de los estudios histopatológicos y toxicológicos complementarios. Estos análisis serán fundamentales para establecer si los potentes fármacos encontrados en la escena tuvieron alguna incidencia directa en el fallo cardíaco que terminó con la vida del enfermero, o si su muerte obedeció exclusivamente a la patología preexistente que padecía.





