La Policía Federal identificó al menos 15 casos vinculados a la True Crime Community (TCC) en Argentina, la misma subcultura digital internacional a la que pertenecía el adolescente de 15 años que mató a Ian Cabrera en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe. Se trata de una red descentralizada y transnacional que glorifica a los autores de masacres escolares y opera principalmente en canales cerrados de Discord y Telegram.
Una subcultura que venera a asesinos masivos
La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) de la Procuración General de la Nación define a la TCC como una “subcultura digital descentralizada y transnacional” que circula simbología y narrativas vinculadas a ataques de violencia extrema, especialmente tiroteos en instituciones educativas. A diferencia de organizaciones tradicionales, no tiene estructura formal ni ideología política unificada. Su único lazo es la fascinación compartida por los perpetradores de crímenes masivos, a quienes presenta como figuras admirables o heroicas.
El origen de esta comunidad se remonta a 1999, con la masacre de Columbine High School en Colorado, donde Eric Harris y Dylan Klebold mataron a 12 estudiantes y un profesor antes de suicidarse. Ese ataque se convirtió en el hito fundacional que la comunidad glorifica y que sus integrantes buscan replicar mediante el llamado “efecto copycat”: cada nuevo ataque genera más contenido, más culto al perpetrador y más potenciales imitadores.
Superposición con incels y grupos extremistas
En el caso de San Cristóbal, tanto el tirador como su cómplice —un adolescente de 16 años detenido mientras intentaba fugarse por la Ruta Nacional 11— fueron identificados dentro del movimiento incel: hombres que se definen como incapaces de tener relaciones románticas y canalizan esa frustración en odio hacia las mujeres. La TCC suele superponerse con otros movimientos extremistas digitales como el Grupo 764, considerado terrorista por el FBI y vinculado a tendencias suicidas, además de corrientes neonazis y aceleracionistas.
El perfil mayoritario son jóvenes de entre 13 y 20 años, según el informe de la SAIT. Las señales de alerta incluyen el uso de lenguaje de admiración hacia tiradores con términos como “leyenda”, “héroe” o “ícono”, el consumo compulsivo de material violento y la participación en foros que reinterpretan a los asesinos como víctimas o mártires.
El director de Investigación Criminal de Santa Fe, Rolando Galfrascoli, describió la red como “difusa, gigantesca, atomizada y anárquica, con una finalidad de causar el mayor daño posible”. Las autoridades advierten que su detección requiere intervención coordinada de fuerzas de seguridad, familias y educadores para prevenir nuevos ataques.





