La industria textil argentina atraviesa su peor momento en años. En febrero, la fabricación de productos textiles registró una caída del 33,2% respecto al mismo mes de 2025, según datos oficiales del INDEC. El desplome es aún más dramático en tejidos y acabado de textiles, con una baja del 47%. Marcas emblemáticas enfrentan cierres de fábricas, despidos masivos y concursos preventivos de acreedores. Los productores señalan que la competencia de artículos importados es la principal causa de la crisis que golpea a uno de los sectores más sensibles de la economía argentina.
Una caída sin precedentes en la industria local
Los números son alarmantes y reflejan una tendencia que se acentúa mes a mes. En enero de este año, el sector ya había registrado el mayor retroceso de actividad desde que comenzó a medirse en 2016. Ese mes, la capacidad instalada se utilizó apenas al 24%, mientras que la caída interanual en el índice de producción alcanzó el 23,9%, según información de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA).
La situación en febrero empeoró considerablemente. El INDEC confirmó que la fabricación de productos textiles sufrió una contracción del 33,2% interanual, consolidando así una crisis que no tiene visos de detenerse. Los productores textiles identificaron claramente el problema: “la mayor competencia” de artículos importados es la que está hundiendo sus ventas y obligándolos a tomar decisiones drásticas.
Este sector, históricamente vinculado a la vida cotidiana de millones de argentinos, es especialmente sensible a dos variables: el nivel de consumo y la inversión. Cuando cae la demanda interna y la gente reduce sus compras de ropa, calzado y artículos textiles, la industria se contrae rápidamente. A esto se suma ahora una competencia despiadada de importaciones, que ofrecen precios más bajos y presionan aún más a los fabricantes locales.
Desempleo masivo y pérdidas acumuladas
El costo humano de esta crisis es evidente en los números de empleo. En diciembre de 2025, los sectores de textil, confección, cuero y calzado registraban 100 mil puestos de trabajo formales. Esto representó una disminución de 12 mil empleos respecto a diciembre de 2024. Más preocupante aún: desde fines de 2023, la caída acumulada de puestos de trabajo supera los 20 mil.
La FITA advierte que las pérdidas de empleo son ininterrumpidas desde febrero de 2024, hace más de un año. Esto significa que durante más de doce meses consecutivos, el sector ha estado despidiendo trabajadores o reduciendo su nómina. Para las familias que dependen de la industria textil —diseñadores, costureros, operarios de máquinas, administrativos— la situación es cada vez más desesperada.
Las fábricas que aún funcionan operan con capacidades muy reducidas. Algunos establecimientos ya cerraron definitivamente sus puertas, dejando sin trabajo a decenas de empleados de un día para otro. Las marcas emblemáticas del sector, que históricamente fueron referentes de la industria argentina, ahora enfrentan concursos preventivos de acreedores, un mecanismo legal para intentar reorganizarse ante la insolvencia.
El impacto en la economía del hogar porteño
Aunque la crisis afecta principalmente a productores y trabajadores del sector, también tiene repercusiones en el consumidor bonaerense. Cuando la industria textil local pierde competitividad, muchas empresas optan por importar productos extranjeros o simplemente reducen su oferta. Esto limita las opciones de compra y puede llevar a que ropa producida localmente desaparezca del mercado.
El contexto económico general agrava la situación. Los argentinos están reduciendo su consumo en todos los rubros, incluyendo ropa y calzado. La inflación, aunque moderada en los últimos meses, sigue afectando el poder de compra. Las familias priorizan alimentos y servicios básicos, dejando la ropa como un gasto secundario.
La industria textil argentina necesita medidas urgentes para reactivarse. Sin intervención, la cifra de desempleados seguirá creciendo y más fábricas cerrarán sus puertas. El sector que viste a los argentinos enfrenta sus horas más oscuras.





