Un poco más de una década después del primer “Ni Una Menos” realizado el 3 de junio de 2015, las cifras de femicidios en Argentina siguen siendo brutales. Según el Informe del Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, publicado por la asociación civil La Casa del Encuentro, entre junio de 2015 y mayo de 2026 se registraron 3.424 víctimas fatales por violencia de género. El dato es alarmante: en promedio, una mujer es asesinada cada 2,5 días en el país.
El desglose de una tragedia que continúa
Las 3.424 muertes se dividen en categorías que muestran la diversidad de la problemática. El informe identifica 3.073 femicidios y vinculados de mujeres y niñas, 78 transfemicidios, 4 lesbicidios y 269 femicidios vinculados de varones adultos y niños. Estos números reflejan cómo la violencia de género trasciende a mujeres e impacta en toda la sociedad, incluyendo a hombres y niños que pierden sus vidas por estar vinculados a víctimas de este tipo de crímenes.
Lo más preocupante es dónde ocurren estos crímenes: 978 sucedieron en la vivienda de la víctima y 798 en domicilios compartidos. Solo 45 tuvieron lugar en lugares de trabajo. Esto revela que la mayoría de los asesinatos ocurren en espacios íntimos presentados como seguros, dentro de vínculos familiares y de parejas donde la confianza debería primar. El informe documenta que muchos de estos crímenes fueron precedidos por violencia previa: 436 víctimas había realizado denuncias y 188 femicidas tenían dictada una medida cautelar de protección, lo que evidencia las falencias en los sistemas de protección existentes.
El costo colateral de la violencia de género
Más allá de las víctimas directas, la violencia de género genera víctimas colaterales que muchas veces quedan invisibilizadas en las estadísticas. Entre 2015 y 2026, 3.840 hijos quedaron huérfanos a causa de estos femicidios, cargando con un trauma que marcará sus vidas para siempre. Cada número representa una familia destrozada, un legado de dolor que se transmite de generación en generación.
Ada Beatriz Rico, presidenta de La Casa del Encuentro, enfatizó que “detrás de cada mujer y adolescente que atraviesa una situación de violencia, hay una historia que merece ser escuchada, una vida que merece ser cuidada y un futuro que merece ser vivido en libertad”. Rico advirtió sobre cómo la violencia aísla a las víctimas y “les roba la esperanza”, por lo que resulta fundamental construir “redes de contención que les recuerden que no están solas”.
La dirigenta llamó a transformar “la red de miedo y silencio que construye el agresor” en “una red de amor, solidaridad y apoyo”, donde cada mujer encuentre “una mano tendida, una palabra de aliento y la certeza de que hay quienes caminarán a su lado”. Acompañar a las víctimas de violencia de género, sostuvo, es una forma concreta de transformar realidades y construir una sociedad más segura para las mujeres.
Once años después del primer “Ni Una Menos”, Argentina continúa enfrentando una crisis de violencia de género que no cede. Los números demuestran que faltan políticas públicas integrales, mayor capacitación en fuerzas de seguridad y una transformación cultural profunda que permita erradicar esta problemática que sigue cobrando vidas cada día.





