A finales de los años 80 y durante los 90, los fanáticos de Los Redonditos de Ricota y Soda Stereo protagonizaron una de las rivalidades más intensas del rock argentino. Como en el fútbol con el clásico River-Boca, los seguidores de ambas bandas se enfrentaban con canciones de antagonismo que reflejaban diferencias profundas en la música, la estética y el público de cada grupo. Sin embargo, entre los músicos mismos, la historia fue más matizada: mientras la grieta se alimentaba en las masas, los artistas reconocieron que la pelea era más de los fanáticos que propia.
La batalla que dividió las aguas del rock nacional
Durante la década del 90, los recitales de Soda Stereo se convirtieron en escenarios donde la hinchada cantaba consignas contra el Indio Solari: “¡Es para el Indio que lo mira por TV!” era una de las más populares. No se trataba de simples bromas entre seguidores, sino de una confrontación que llegaba a deseos muy oscuros. En las misas ricoteras, los fanáticos no dudaban en desear la muerte de Gustavo Cerati, el líder de Soda. Años después, en un concierto de Divididos, Ricardo Mollo, exintegrante de Sumo, debió intervenir para pedir que cesara el cántico contra Cerati, recordando que “en este país ya se murió mucha gente” y que “nosotros no queremos que se muera Cerati”. La rivalidad trascendía lo musical y se volvía violenta en su expresión más cruda. Las diferencias estéticas y sonoras entre ambas bandas alimentaban esta polarización. Los Redonditos representaban un rock más ácido, crítico y visceral, con una base de público más identificado con la contracultura y la rebeldía. Soda Stereo, en cambio, encarnaba un rock más sofisticado, experimental y orientado hacia el pop. Zeta Bosio, bajista de Soda, se atrevió a opinar públicamente sobre los comienzos de Los Redonditos, asegurando que no eran “evolucionados, sino más bien un rock básico”. Esta declaración, lejos de cerrar la brecha, la profundizaba.
Lo que dijeron los músicos: una grieta construida por otros
Paradójicamente, los artistas principales de ambas bandas mantuvieron una perspectiva más equilibrada sobre la contienda. Gustavo Cerati reconoció que nunca comprendió el antagonismo: “Nunca entendí que, mientras yo tocaba en vivo, algunos cantaran contra el Indio. Es cierto que en una canción de Los Redonditos el Indio habla de nosotros trepando antenas. A lo mejor le jodió que cantáramos ‘La Cúpula’, pero yo siempre fui un tipo muy esdrújulo”. Cerati argumentaba que las diferencias musicales no justificaban la hostilidad y que el problema radicaba en cómo la rivalidad se volvió política. El Indio Solari, por su parte, fue directo al asunto: “En mi caso nunca existió, y supongo que en el caso de él tampoco. Pelotudeces que tienen que ver con las diferencias, como Boca-River, que existen para alimentar ese vértigo del consumo de las cosas, pero generalmente eso no pasa en la intimidad”. Sin embargo, el Indio también marcó las distancias artísticas. Describió a Cerati como “muy fashion, más frívolo, más cool”, mientras que se definía a sí mismo como “más crítico, más ríspido, más ácido”. Esta caracterización reflejaba genuinas divergencias en la visión del rock y su rol en la sociedad, pero ambos reconocían que la dimensión más agresiva de la rivalidad provenía de los seguidores, no de los músicos.
La confrontación entre Los Redonditos de Ricota y Soda Stereo quedó como un fenómeno único en la historia cultural argentina: una batalla construida principalmente por los fanáticos que encontró ecos en algunas declaraciones de los artistas, pero que nunca fue totalmente asumida ni promovida por ellos. Fue, en definitiva, una rivalidad que marcó una era del rock nacional, pero que sus protagonistas principales siempre miraron con cierta distancia y escepticismo.





