El mes de octubre de 2024 comenzó con una fuerte inestabilidad en los mercados energéticos globales debido al recrudecimiento de las hostilidades en el Líbano y las amenazas de ataques a infraestructuras petroleras estratégicas. El precio del barril de Brent superó la barrera de los 80 dólares en pocos días, generando una preocupación inmediata en las economías occidentales que luchan por consolidar una baja en la inflación.
Para la Argentina, este escenario representa un desafío dual: por un lado, el aumento del precio internacional mejora el horizonte de exportación de Vaca Muerta, pero por otro, presiona sobre los costos de importación de combustibles específicos y sobre los precios en los surtidores locales. Los analistas internacionales advierten que si el conflicto escala hacia una interrupción en el Estrecho de Ormuz, el mundo podría enfrentar un shock de suministros similar al de los años 70.
El impacto se siente también en el transporte aéreo y marítimo, encareciendo los fletes internacionales y afectando el comercio de granos y manufacturas. La diplomacia internacional busca evitar una guerra total que involucre a las grandes potencias, mientras los mercados de valores muestran una volatilidad extrema ante cada anuncio de represalia militar.
En Buenos Aires, el Ministerio de Economía monitorea el ingreso de divisas por exportaciones energéticas, que en este contexto de precios altos, podrían brindar un alivio a las reservas del Banco Central. Sin embargo, la incertidumbre sobre la duración del conflicto mantiene cautos a los inversores locales y extranjeros, quienes buscan refugio en activos seguros como el oro y los bonos del tesoro estadounidense.
Octubre cierra con una agenda geopolítica al rojo vivo, donde la seguridad energética se ha convertido en la prioridad máxima de los jefes de estado de todo el planeta, redefiniendo las alianzas estratégicas en un mundo cada vez más fragmentado por la guerra.
