El primer martes de noviembre de 2024, el planeta entero puso sus ojos en Estados Unidos para las elecciones presidenciales más polarizadas de la historia moderna. La competencia entre Donald Trump y Kamala Harris ha dividido a la sociedad estadounidense y ha generado una incertidumbre total en las capitales del mundo sobre el futuro de las relaciones comerciales, la OTAN y las políticas ambientales internacionales.
El impacto en las bolsas de valores ha sido de una volatilidad extrema durante toda la semana previa, con el dólar moviéndose al ritmo de las encuestas en los estados clave. Argentina sigue con atención el proceso, entendiendo que el signo político del próximo habitante de la Casa Blanca condicionará las negociaciones con el FMI y la llegada de inversiones directas al sector energético.
Los analistas internacionales advierten que el resultado de esta elección definirá el rumbo de la economía global para el próximo cuatrienio, pudiendo derivar en un endurecimiento de las barreras arancelarias o en una apuesta por el multilateralismo digital. La ciberseguridad y el control de la desinformación en redes sociales han sido los grandes desafíos de una jornada electoral que es monitoreada por algoritmos de trading en tiempo real.
Noviembre es un mes de definiciones para el orden mundial, donde la democracia más influyente del mundo pone a prueba su sistema institucional frente a los desafíos del siglo XXI. El conteo de votos se prevé lento y judicializado, lo que podría extender la incertidumbre económica durante varios días o incluso semanas.
La opinión pública argentina se encuentra dividida sobre qué candidato beneficia más a los intereses nacionales, en un contexto donde la diplomacia nacional busca mantener la neutralidad y la apertura hacia ambos bloques de poder en pugna.
