Gabriel Ludueña y su hermano Ezequiel realizaron el lavado de un Ford Ka negro que se convirtió en pieza clave en la investigación del femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años desaparecida el 23 de mayo en La Matanza. Los hermanos lavaron el vehículo perteneciente a Soledad Andreani, quien lo prestó a Claudio Barrelier, único detenido por el crimen. Gabriel describió detalles inquietantes: el auto tenía mucha tierra pegada en ruedas y puertas, pero el interior parecía haber sido limpiado previamente. “Adentro parecía que ya lo hubieran lavado, que lo hubieran limpiado antes”, contó. El descubrimiento del cuerpo desmembrado de Agostina en un descampado del barrio Ampliación Ferreyra reveló que los restos fueron trasladados en este vehículo, presumiblemente en un balde de 20 litros y bolsas de consorcio.
Los detalles que llamaron la atención de los lavadores
Gabriel Ludueña explicó cómo fue el encargo: el martes 26 de mayo, el hijo de Soledad Andreani se acercó para pedirles que lavaran el auto. “Para nosotros era un día normal. Estábamos lavando un auto y vino el chico, el hijo de soledad, y me pregunta: ‘¿Estás lavando?’ Sí, le respondo y me lo deja”, recordó. Los hermanos acordaron en limpiar el exterior y retirar las alfombras interiores para lavarlas, pero no abrieron el baúl ni revisaron el motor. “Yo hago lo que me piden. Si me dicen ‘abrí el baúl y limpialo’ yo lo hago. Pero en este caso no me lo pidieron”, aclaró Gabriel a medios locales. El estado del vehículo fue revelador: la cantidad de tierra en exterior era anómala, superior a lo que normalmente observaban. Sin embargo, el contraste entre la suciedad visible afuera y la aparente limpieza interna generó dudas en los investigadores. El auto había sido prestado por Andreani a Barrelier el lunes 25 de mayo. La mujer contó que él le pidió el vehículo para llevarle ropa a un tío que acababa de ser operado. “Me llamó y me dijo que iba hasta mi casa en Uber”, recordó. Las cámaras de seguridad de la zona registraron el ingreso y la salida del Ford Ka entre las 11.45 y las 12.15 del lunes 25, período en el cual los investigadores estiman que Barrelier trasladó los restos de Agostina.
El contexto del crimen y la investigación
Agostina desapareció el sábado 23 de mayo a las 22.30 cuando se encontró con Claudio Barrelier en la esquina de Fragueiro y Juan Del Campillo. La adolescente le dijo al remisero que la trasladaba, junto con sus amigas, que junto al hoy detenido le iban a hacer “un regalo sorpresa” a su mamá, Melisa Heredia. Días después, su cuerpo desmembrado apareció en un descampado de 240 hectáreas en el barrio Ampliación Ferreyra, enterrado a tres kilómetros campo adentro en una zona de pastizales, lagunas y cercos. El hallazgo fue resultado de una búsqueda intensiva que involucró a fuerzas de seguridad y equipos de rastreo. Barrelier permanece detenido bajo cargos por el crimen de la menor. Gabriel Ludueña, visiblemente afectado por haber participado sin saberlo en un episodio tan trágico, expresó su arrepentimiento en declaraciones públicas: “Me quise matar”, lamentó al enterarse de la verdadera naturaleza del lavado que realizó.
El caso de Agostina Vega expone una vez más la vulnerabilidad de las adolescentes en el conurbano bonaerense y cómo detalles aparentemente cotidianos terminan siendo decisivos en investigaciones criminales. Los hermanos Ludueña, vecinos de Andreani, se convirtieron involuntariamente en testigos clave de un femicidio que conmocionó a La Matanza y generó renovada alerta sobre la violencia contra las mujeres en la provincia.





