Un informe internacional de UNICEF, INTERPOL y ECPAT International reveló que 20 millones de niños, niñas y adolescentes entre 12 y 17 años sufrieron al menos una forma de explotación o abuso sexual vinculado con tecnología en un solo año. En los cuatro países de América Latina y el Caribe incluidos en el estudio, el 18 por ciento de los adolescentes que usan Internet fue víctima de estas prácticas: casi uno de cada cinco. El informe advierte sobre la falta de denuncias y la necesidad de reforzar la prevención en redes sociales y plataformas digitales, donde muchos menores enfrentan riesgos que pueden dejar consecuencias emocionales duraderas y persistentes en el tiempo.
La dimensión global del abuso digital infantil
La investigación denominada “A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil” recopiló información de 21 países de distintas regiones del mundo para exponer la magnitud de la violencia sexual facilitada por la tecnología. Los datos son alarmantes: en Estados Unidos, los casos de abuso infantil facilitados por tecnología reportados pasaron de 4.700 en 2023 a más de 67.000 en 2024, según el Childlight Global Child Safety Institute. Sin embargo, los números disponibles podrían no reflejar la dimensión completa del fenómeno. Muchos adolescentes no denuncian lo que les sucede por miedo, vergüenza o por las dificultades que implica reconocer y comunicar una situación de abuso. La falta de información sobre estos casos complica la posibilidad de ofrecerles asistencia y protección especializada a quienes la necesitan.
Grooming, sextorsión y creación de imágenes falsas
Los riesgos digitales que enfrentan los menores abarcan distintas formas de violencia sexual y acoso online. UNICEF elaboró una guía para ayudar a los adultos a reconocer estas situaciones y actuar frente a ellas. Entre las amenazas identificadas está el grooming, que consiste en el acercamiento y manipulación de un menor con fines de abuso sexual; la sextorsión, una forma de chantaje sexual que afecta especialmente a adolescentes; y la difusión de imágenes privadas sin consentimiento. A estas prácticas se suma la creación de fotografías y videos sexuales falsos mediante inteligencia artificial, una tendencia alarmante que ya se registró en varias escuelas del país. Los adultos responsables también deben estar alertas a la exposición no deseada a contenido sexual, solicitudes de conversaciones de contenido sexual y pedidos de fotografías íntimas, que son formas frecuentes de acoso digital dirigidas a menores.
Especialistas en protección infantil recomiendan que las familias mantengan diálogos abiertos con los adolescentes sobre los peligros de internet, establezcan límites claros en el uso de dispositivos y redes sociales, y generen confianza para que los menores se animen a reportar cualquier situación sospechosa. Las plataformas digitales también tienen responsabilidad en implementar controles más efectivos para prevenir estas conductas delictivas.





