A 24 años del asesinato de María Marta García Belsunce en su casa del barrio cerrado Carmel, en Pilar, Carlos Carrascosa atraviesa la ausencia de la mujer con la que compartió 31 años de matrimonio. Acusado injustamente del crimen, el viudo pasó siete años tras las rejas, se absolvió y continuó su batalla judicial hasta lograr que Nicolás Pachelo fuera condenado. Hoy, con 81 años, vive en Luján y sigue convencido de que volverá a encontrarse con ella. “Estoy seguro de que nos vamos a volver a encontrar”, afirmó en una entrevista exclusiva con Crónica, mientras repasa los 24 años que transcurrieron desde aquel 27 de octubre de 2002.
De una infancia compartida a tres décadas de matrimonio
Carrascosa conoció a María Marta cuando ella tenía nueve años, ya que era amiga de la hermana de su mejor amigo. Conserva con claridad un recuerdo sencillo de aquella época: “Creo que las mandábamos a comprar facturas”. El reencuentro llegó años después, cuando ella contaba 17 años y él tenía 26. El 2 de mayo se pusieron de novios, y apenas un mes más tarde, Carrascosa ya le había propuesto matrimonio con una tarjeta donde había escrito los nombres de ambos. “Vamos a esperar un poco”, respondió ella en aquel entonces. En septiembre le dio el sí y en diciembre él habló con el padre de María Marta. El casamiento finalmente se celebró el 31 de julio, después de que él quisiera adelantarlo a marzo. “Estuvimos casados 31 años y un año y pico de novios”, recuerda sobre una relación que se sostuvo en el compañerismo y el afecto cotidiano. Tras casarse, ambos se instalaron en Buenos Aires y comenzaron desde cero. Carrascosa era marino mercante pero debió abandonar los barcos. “No quiero vivir con una foto”, le dijo ella, quien trabajaba en una inmobiliaria. Mientras él llevaba y traía chicos de la escuela con su auto, comenzó como cadete en una financiera y aprendió el oficio hasta convertirse en agente de bolsa, aunque le interesaba el mercado bursátil sin haber estudiado formalmente para ello.
Siete años de cárcel y la lucha por la justicia
La investigación por el asesinato de María Marta puso a Carrascosa en el centro de las sospechas. Fue acusado del crimen y pasó siete años preso, una experiencia que marcó profundamente su vida. Durante el juicio recordó que no lloró, excepto cuando declaró el encargado del comedor de la cárcel. Su absolución llegó después de esa larga batalla legal, pero el verdadero calvario fue ver pasar los años sin que se hiciera justicia. Sin embargo, Carrascosa nunca abandonó su reclamo para que el responsable fuera condenado. Con la condena de Nicolás Pachelo, siente que cumplió la promesa que le hizo a María Marta desde el principio. “Voy a cumplir 82 en diciembre. No puedo creer todo lo que pasó. En estos 24 años pasaron tantas cosas”, reflexiona sobre el extenso período que transcurrió desde el crimen. Describe a su esposa como una mujer de carácter fuerte y mucha energía, cualidades que le permitieron ayudar a los demás. “Ella era taurina, tenía carácter fuerte, mucha energía. Así llegó a hacer todo lo que hizo para ayudar a los demás”, asegura. Según Carrascosa, sus amigos nunca los vieron pelear y es porque efectivamente no lo hacían, lo que evidencia la solidez de su vínculo.
Después de dos décadas y media, Carrascosa sigue extrañando los retos de su mujer y mantiene viva la memoria de alguien que marcó profundamente su existencia. La justicia llegó, pero nada devuelve los años perdidos ni calma completamente el dolor de quien fue acusado injustamente del crimen que destruyó su vida. Su fe en el reencuentro refleja una esperanza que trasciende lo terrenal, la convicción de alguien que no se rindió frente a la adversidad.





