El mes de abril de 2024 marcó el inicio fuerte de la cosecha de soja en la zona núcleo argentina, brindando el flujo de divisas necesario para estabilizar las reservas del Banco Central. Tras la sequía del año anterior, los rindes de este ciclo se ubicaron en niveles óptimos, permitiendo proyectar una producción nacional que inyectará miles de millones de dólares a la balanza comercial del país durante el segundo trimestre.
Las empresas agroexportadoras reforzaron su logística portuaria para agilizar la carga de buques con destino a Asia y Europa, aprovechando la mejora en la competitividad que otorgó la liberación de mercados. El impacto económico en las provincias de Santa Fe y Córdoba ha sido inmediato, con una reactivación del transporte de carga y de los servicios industriales vinculados al agro en todo el cordón portuario.
El Gobierno nacional sigue de cerca el ingreso de los derechos de exportación, fundamentales para sostener el superávit fiscal financiero que es el eje del programa económico. La mayor previsibilidad en el tipo de cambio ha permitido que los productores planifiquen la reinversión en insumos para la próxima campaña de trigo, cerrando un círculo productivo virtuoso para el campo nacional.
A pesar de los buenos números, los productores reclaman mejoras en la infraestructura vial del interior, donde el mal estado de los caminos secundarios sigue encareciendo los fletes y afectando la seguridad de los transportistas. Abril cierra con una postal de miles de camiones dirigiéndose a las terminales del Paraná, simbolizando la potencia productiva de la Argentina de cara al mundo.
El éxito de la cosecha gruesa es el sostén macroeconómico sobre el cual se asienta la estabilidad del resto de las variables económicas del país para lo que queda de 2024.