viernes, mayo 15, 2026
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La agenda legislativa se frena: PRO y radicales toman distancia del Gobierno

El oficialismo enfrenta un momento crítico en su agenda legislativa. Con el PRO tomando distancia, los radicales retirándose de los apoyos y la propia Patricia Bullrich negándose a avanzar con los proyectos que envía la Casa Rosada desde el Senado, la capacidad del Gobierno para legislar se desmorona. Sin resolver sus conflictos internos —especialmente el que involucra al vocero Manuel Adorni— el Congreso se prepara para frenar en seco.

El PRO marca un punto de quiebre con el oficialismo

Mauricio Macri y su partido dieron un giro táctico que llevaba tiempo gestándose entre sus bases. Ayer presentaron el “Manifiesto Próximo Paso”, un documento que oficializa lo que ya circulaba en los pasillos: el PRO acompañará solo las iniciativas de apertura económica y nada más. “Hay que decirlo, el cambio tiene dos enemigos: el populismo de siempre y los que frenan el cambio desde adentro, con soberbia y arrogancia”, reza el comunicado que marca la nueva línea del partido amarillo. Consultados en el ámbito legislativo, diputados del PRO fueron más directos: “Se terminó esto de inmolarse por cualquier cosa”, dijo uno de los más conspicuos legisladores del espacio. La traducción es clara: hasta que Milei resuelva la crisis interna que lo sacude, el apoyo será selectivo y estratégico. No habrá más cheques en blanco. Los radicales, por su parte, se retiraron del tablero hace más tiempo. Pocos en número pero necesarios para alcanzar quórums y aprobar reformas electorales, los radicales esgrimieron la defensa de la Universidad Pública como excusa principal. Pero el verdadero motivo es otro: ven implosionar al Gobierno y no quieren quedar sepultados bajo los escombros. Cada voto radical se convierte así en una moneda de cambio valiosa que solo gastarán en temas que consideren verdaderamente estratégicos.

Bullrich bloquea la agenda desde el Senado

La situación se complica aún más en la Cámara Alta. Patricia Bullrich, quien funciona como articuladora del oficialismo en el Senado con 42 senadores bajo su órbita, decidió no avanzar con los proyectos clave que la Casa Rosada le encomendó. El caso más emblemático es la derogación de las PASO, iniciativa que el Ejecutivo pretendía que incluyera también la sanción de la Ficha Limpia para asegurar su tratamiento. Pero Bullrich ni siquiera permitió que el proyecto fuera considerado. En cambio, habilitó el avance de una iniciativa similar pero de autoría del PRO, que trata la temática por fuera de la reforma electoral. El anuncio fue hecho por el senador misionero Martín Goerling, del bloque amarillo. La fragilidad del bloque oficialista en el Senado es evidente: depende casi completamente de que Bullrich funcione como nexo y articuladora. Un grupo con orígenes tan diversos y voluntades tan dispares que se mantiene unido solo mientras ella lo conduzca. Sin su decisión de empujar una iniciativa, poco o nada avanza. El Gobierno no es mayoría en ninguna de las dos cámaras. Es primera minoría en Diputados, apenas con dos legisladores por encima del peronismo. En el Senado, la dependencia de Bullrich es casi total. Cualquier conflicto interno, cualquier roce con la vicepresidenta, impacta directamente en la capacidad legislativa del Ejecutivo.

El panorama que emerge es el de una coalición de gobierno en riesgo. Los aliados nunca fueron propios: son circunstanciales, temáticos, de simple conveniencia. Y la vieja máxima peronista que hoy recorre todo el arco político cobra más vigencia que nunca: “se acompaña hasta la puerta del cementerio, adentro, entrás solito”. Si Milei no resuelve sus problemas internos en las próximas semanas, el Congreso no solo frenará su agenda: podría volverse un obstáculo insalvable para cualquier iniciativa que requiera consenso amplio.

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