Enero de 2026 comenzó con una ola de calor histórica que puso a prueba el sistema eléctrico y la salud de la población. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) emitió una alerta roja para gran parte del centro y norte del país, incluyendo el AMBA, donde las temperaturas máximas superaron los 40 grados durante varios días consecutivos. Este fenómeno, vinculado a un bloqueo atmosférico y al impacto del cambio climático, generó condiciones de estrés térmico extremo tanto en zonas urbanas como rurales.
Las autoridades sanitarias instaron a la población a extremar los cuidados: hidratación constante, evitar la exposición al sol en horas pico y prestar especial atención a niños y adultos mayores. Los hospitales registraron un incremento significativo en las consultas por golpes de calor y deshidratación, obligando a reforzar las guardias de emergencia.
El sistema eléctrico nacional operó al límite de su capacidad, registrando picos de demanda históricos que derivaron en cortes preventivos en diversos barrios de la Ciudad y el Conurbano. Las empresas distribuidoras trabajaron a contrarreloj para reparar transformadores afectados por la sobrecarga, mientras el Gobierno pidió un uso racional y solidario de la energía, especialmente de los equipos de aire acondicionado.
En el sector agropecuario, la falta de lluvias y el calor extremo impactaron negativamente en los cultivos de maíz que se encuentran en período de floración, amenazando los rendimientos finales de la cosecha gruesa. Las provincias de Chaco, Formosa y Misiones, por el contrario, sufrieron tormentas severas con acumulados de agua superiores a la media, reflejando la gran disparidad climática que atraviesa el territorio nacional.
Enero de 2026 será recordado como uno de los meses más calurosos de las últimas décadas, obligando a las ciudades a replantear sus estrategias de adaptación urbana, como la creación de refugios climáticos y la expansión de las zonas arboladas para mitigar el efecto de isla de calor en el asfalto porteño y bonaerense.